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Editorial: La estúpida violencia Destacado

Viernes 10 de junio 2016.-

La quema de iglesias en medio del conflicto mapuche, y el asalto a la iglesia de los salesianos en Santiago, en donde una imagen de la crucifixión fue rota, pisoteada y degradada con burla y odio, nos coloca ante un fenómeno similar- guardando sus proporciones- al protagonizado por los Talibanes en Afganistán al destrozar los monumentos budistas, o al de  ISIS al arrasar el centro histórico de Palmira. 

La odiosidad y la violencia en contra de los centros religiosos, y la muerte y persecución de personas con fe distinta al de los perseguidores armados, es un cuadro retrogrado que nos lleva de regreso a los oscuros tiempos en donde se supone los Hombres eran involucionados, supersticiosos y salvajes. 

Así como hacer la guerra en nombre de Dios, de Alá, de la religión ‘verdadera’ en contra de otros que también creen en lo mismo o cometen el ‘pecado’ de fomentar su fe en forma diversa… es ya una grosera contradicción y una terrible incoherencia. Así peor es cuando por una ‘causa justa’ simplemente se  somete a otros al terror, al miedo, a la retaliación y al ‘castigo’. 

No hay buena causa que pueda justificar la estupidez de la violencia. 

Si el enemigo de la ‘buena causa’ quiere degenerar, desprestigiar, mermar y destrozar dichos ‘buenos propósitos’, lo hará infiltrando las huestes más fanáticas de esa ‘causa justa’ para conducirla por el despeñadero de la violencia, del sectarismo, de la locura acrática y la ceguera política. 

Así caen los buenos designios y lo que era un movimiento sano de cambios para permitir justicia y equidad, por la estúpida violencia se transforma en un virus desagradable que el cuerpo social aislará, y repelerá hasta expulsarlo de sus tejidos. 

No necesitamos ser budistas para estremecernos por la salvajada Talibán rompiendo monumentos del Buda; no requerimos ser árabes para espantarnos por la destrucción de Palmira; y aun siendo críticos al catolicismo no podemos quedar indiferentes  ante actos nefastos y canallas que violan y destruyen los símbolos que para los católicos son importantes. 

Así como esperamos siempre que los cristianos todos fuesen activos en la defensa de la religiosidad ancestral de nuestros indígenas y compartieran el dolor de los originarios al ver cómo destruyen sus referencias y su templo: la Madre Tierra. 

 

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