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EEUU: Migrantes se ocultan y se extiende el pánico Destacado

Foto Ansa: Control migratorio en San Diego. Foto Ansa: Control migratorio en San Diego.

Domingo 26 de febrero 2017/ Ansa.-

Los indocumentados en Estados Unidos, principalmente mexicanos, han decidido sumergirse en la semiclandestinidad y ensayar tácticas de sobrevivencia como en tiempos de guerra.

El pánico que suscita la amenaza de deportaciones masivas obliga a los 11 millones de mexicanos, 5,5 millones de ellos indocumentados -todas las familias hispanas tienen miembros con y sin documentos migratorios- a echar mano de los recursos que la imaginación les permite para escapar de una eventual detención.

Hasta hace poco se animaban a salir a protestar contra la ofensiva xenofóbica del presidente Donald Trump, pero ahora han decidido ocultarse, evitar reuniones de fin de semana, eludir cualquier contacto con la policía y abstenerse de tomar alcohol o cometer errores que podrían ser de graves consecuencias.

A quienes no hablan español, se les pide memorizar las "frases mágicas" que podrían mantener su permanencia en Estados Unidos y evitar ser detenidos. "I want to remain silent" (quiero permanecer en silencio), "I want to speak to a lawyer" (quiero hablar con un abogado) y "I don't consent to a search" (no quiero que revisen mi casa), son algunas de ellas.

Sobre todo se les alerta para que por ningún motivo firmen un documento que podría ser su renuncia a permanecer en Estados Unidos, sobre todo si está en inglés.

Expertos en "resiliencia" (capacidad de resistir la adversidad), tras décadas de sufrir la adversidad, se sobreponen al miedo y se ocupan de defender su estancia en Estados Unidos.

Activistas y abogados les piden que revisen las luces de su auto, que no lleven consigo objetos robados o copias ilegales de música o videos, no crucen la calle a la mitad, no cometan violencia doméstica y no roben siquiera un caramelo en una tienda.

Se les aconseja además evitar los bares o centros de reunión, eludir las discusiones y los pleitos, no consumir drogas, y diseñar un plan de acción por si el jefe de la familia es repatriado. Entre otras cosas, se les pide como elaborar un "proxy" o "carta-poder" para confiar la custodia de los hijos, administrar las propiedades y transferir fondos a bancos en México.

Todos los días, los medios mexicanos recogen testimonios de cómo los migrantes afrontan la desesperación y zozobra que entraña la nueva política migratoria del gobierno estadounidense.

"Están deportando bien duro", afirma Efraín, que vive en Texas, citado por el diario El Universal. "Hablamos todos los días sobre esa separación que un día vamos a tener, de esa separación que no tenemos cómo parar, no tenemos la fórmula, como familia tenemos que estar encerrados", señala Maricruz, una activista, que trabaja de niñera.

Margarita, que vive en Arizona y ahora afronta un futuro incierto con sus tres hijos, afirma que en su familia domina el "miedo de qué va a pasar con nuestra casa si llegan de la noche a la mañana a tocar nuestra puerta".

"Nuestros hijos tienen temor. No quieren que mi esposo y yo andemos en la calle, nos quieren encerrados para protegernos y mi esposo no duerme de pensar qué nos va a pasar", expone. "Es una situación muy difícil, vivimos en las sombras. Parece que somos felices, pero no. Cuando pasamos por la autopista y la policía para un carro cuyo conductor es mexicano o hispano pedimos que Dios los ayude y los proteja", señala.

En el sur de California, donde hay grandes comunidades de inmigrantes, los indocumentados evitan salir lo más que pueden de día y prefieren cobijarse por las sombras de la noche. Desde hace semanas empezaron a almacenar comida no perecedera como latas de atún, maíz, frijol y cajas de cereales, así como agua.

"Ya se acabaron nuestras reuniones y convivencias de fines de semana. Hay mucho miedo y terror", expone Juán Sánchez, de 27 años, nacido en Puebla, cerca de la capital mexicana, citado por la agencia Notimex.

Un par de memorandos recientes firmados por John Kelly, el secretario de Seguridad Interna, endurecen las medidas migratorias y empoderan a los agentes bajo su mando porque otorgan autoridad a policías locales para ejercer tareas migratorios y detener a cualquier sospechoso sólo por su "perfil racial".

Esto convierte a los 5,5 millones de indocumentados en candidatos a la deportación y no sólo los que tienen un récord criminal. 

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