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Dossier El Gran Fundamento - Elementos filtrados por fecha: Martes, 08 Noviembre 2016

Editorial: Que la verdad muestre su cara

Miércoles 09 de noviembre 2016.-

Años ya, un día de esperanzas, escribimos que la elección de Obama como presidente de los EEUU abría una era distinta, ojalá, decíamos entonces, diferente a todo aquello que desde la potencia americana se nos había mostrado, ocultado y disfrazado.

Al final, Obama y su gobierno no fue ni distinto, ni diferente. Promesas incumplidas y esperanzas rotas llevaron a que la gran mayoría del pueblo afro americano simplemente no salió a votar, o lo hizo muy por debajo de sus márgenes históricos.

Clinton, una persona del “poder real” que mueve los hilos de la gran nación detrás del aparente país, sucumbió ante un solitario magnate que, aún en el abandono de los sostenedores Republicano, logró hacerse de la mayoría popular y electoral que hoy tiene en vilo y sorprendido al mundo.

Los más acérrimos augurios se ciernen sobre los EEUU y el mundo;  como, por el contrario,  un día Obama despertó justamente la antípoda del cuadro actual. Pero si el gobierno de Barak Obama no fue  todo lo bueno que se esperaba y se pronosticaba, quizás tampoco el gobierno de Trump sea, después de todo, tan malo como se predice.

Una cosa si es cierta: Trump es la verdadera cara de los estadounidenses blancos, nacionalistas, marginales y en su gran mayoría ignorantes en relación al mundo y más allá de su entorno; y lo que sea que haga Trump será lo que siempre han llevado a cabo todos los gobiernos norteamericanos: sólo que esta vez se hará sin caretas, brutalmente, sin tapujos y sin esa hipocresía tan arraigada y amada que hizo- precisamente-  de Clinton la más antipática y burda candidata Demócrata.

Para nuestra América Latina podrían acercarse tiempos espinosos: desde un muro en México y la caída de la economía mexicana; una mayor intervención en Venezuela y en Nicaragua; revisión de Tratados de Comercio que afectarían economías ya en conflictos o caídas, como la de Chile…para muchos  algo no del todo malo porque llevaría a sincerar la realidad y esclarecer los panoramas diversos y siempre ambiguos en América Latina. 

Quizás sea este el modo en que la realidad elige mostrarnos su rostro: una verdad que ya no soporta disfraces; una verdad que puede poner a cualquiera en el gobierno y ya no solamente a la  clase política del statu quo - que con su hipocresía y abuso a culminado por atomizar la democracia para dar paso al populismo de derecha y de izquierdas-  que aún en su  aparente banalidad y discurso baladí esconde una verdad atroz que nos muestra aquello que realmente somos, y en qué nos hemos convertido.  

 

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Trump emprende rumbo a la Casa Blanca; Clinton y Obama prometen ayuda para reunificar EEUU

Miércoles 09 de noviembre 2016/ Reuters.-

Donald Trump dejó de lado el miércoles las celebraciones por su victoria y comenzó a planear los 73 días de transición a la Casa Blanca, mientras que la derrotada candidata demócrata Hillary Clinton y el presidente Barack Obama prometieron enterrar las disputas y colaborar para reunificar el país.

Horas después de que Trump sorprendiera al mundo al vencer a la favorita Clinton, el también demócrata Obama y varios líderes republicanos que habían tenido problemas con el magnate prometieron buscar un terreno común para el futuro.

Trump puso fin al segundo intento de Clinton por convertirse en la primera presidenta de Estados Unidos. "Donald Trump será nuestro próximo presidente. Le debemos una mente abierta y una oportunidad de liderar", dijo la ex primera dama, de 69 años, en un discurso en Nueva York en el que admitió la derrota.

Acompañada de su hija Chelsea y de su esposo, el ex mandatario Bill Clinton, dijo a sus seguidores que la derrota fue dolorosa "y lo será por mucho tiempo". También se ofreció a trabajar con Trump.

El magnate de los bienes raíces y ex conductor televisivo despertó el enojo entre los políticos tradicionales de Washington en su camino a la victoria sobre Clinton, cuyo brillante currículum incluye sus roles como primera dama, senadora y secretaria de Estado.

Obama, que participó de la dura campaña contra Trump, lo llamó por teléfono para felicitarlo por su victoria electoral y lo invitó a la Casa Blanca para una reunión el jueves. También dijo que ahora todos esperan que tenga éxito como mandatario.

El presidente electo y sus principales asesores se reunieron en la Torre Trump de Nueva York para comenzar la transición.

Durante su mandato de cuatro años, que comienza el 20 de enero, Trump tendría una mayoría republicana en ambas cámaras del Congreso. Las cadenas de televisión proyectaron que el partido retendría el control del Senado -de 100 escaños- y en la Cámara de Representantes, donde se renovaban los 435 asientos.

"Donald Trump liderará un gobierno republicano unificado", dijo el presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, en una rueda de prensa donde prometió "trabajar codo a codo" con el mandatario electo.

Ante la preocupación de que la victoria del republicano cause incertidumbre económica y política, los inversores huían de los activos riesgosos.

El dólar, el peso mexicano y las acciones globales cayeron tras la noticia, pero el temor a una agitación similar a la que privó de billones de dólares a los mercados tras el "Brexit" en junio no se ha materializado. Wall Street rebotaba, recuperándose del desplome de la madrugada, aunque en una sesión muy volátil.

Trump apareció junto a su familia temprano el miércoles ante sus seguidores, que festejaban en el salón de un hotel en Nueva York, y dijo que es hora de curar las heridas y hallar terreno común tras una campaña que expuso las profundas diferencias entre los estadounidenses. "Es hora de que nos unamos como uno", dijo Trump. "Seré el presidente de todos los estadounidenses".

Sus comentarios fueron un cambio abrupto a la retórica de campaña, durante la que acusó reiteradamente a Clinton de ser "deshonesta" y sus seguidores llegaron a acompañar el señalamiento con cánticos de "enciérrala".

La jefa de campaña de Trump, Kellyanne Conway, no descartó la posibilidad de nombrar un fiscal especial que investigue la conducta pasada de Clinton, una amenaza que lanzó el republicano en uno de los debates electorales.

Aunque perdió la batalla electoral en los estados que deciden la carrera presidencial, Clinton se impuso por escaso margen en el voto popular a nivel nacional, según recuentos de los medios. Sería la segunda vez en 16 años que un demócrata pierde la presidencia pese a contar con más votos, algo que ya ocurrió en el 2000 con Al Gore y el republicano George W. Bush.

CAMPAÑA ENCARNIZADA

Saliendo victorioso de una final de suspenso luego de que las encuestas pronosticaban que ganaría Clinton, Trump cosechó mucho apoyo entre una base de trabajadores blancos sin estudios universitarios con su promesa ser "el mejor presidente en cuanto a empleos que Dios haya creado". Asimismo, le fue bien en estados industriales como Pensilvania y Ohio.

"¡Qué noche tan bonita e importante! El hombre y la mujer olvidados no serán olvidados de nuevo. Nos uniremos como nunca antes", tuiteó Trump temprano el miércoles.

En su discurso tras el triunfo, dijo que tiene un plan económico grandioso, que se embarcará en un proyecto de reconstrucción de la infraestructura del país y que duplicará el crecimiento económico de Estados Unidos.

Trump, que con sus 70 años será el presidente de mayor edad en ejercer su primer mandato, sobrevivió a una campaña amarga y polarizada que se concentró mayormente en el carácter de los candidatos y en su idoneidad para ocupar la Oficina Oval.

La presidencia será su primer cargo de elección popular y hay incertidumbre sobre cómo trabajará con el Congreso. Durante la campaña, Trump fue objeto de duras críticas de los demócratas y también desde las propias filas republicanas.

EL MUNDO PERPLEJO

Líderes de todo el mundo se comprometieron a trabajar con Trump, pero algunos mostraron alarma ante una votación que podría significar el fin de una era en la que Washington promovió los valores democráticos y era visto por sus aliados como un garante de la paz.

Durante la campaña, Trump expresó su admiración por el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y puso en duda pilares centrales de la alianza militar de la OTAN.

El Parlamento ruso estalló en aplausos cuando un legislador anunció la elección de Trump y Putin dijo a los embajadores extranjeros que está dispuesto a restaurar por completo sus lazos con Washington.

"No es un camino fácil pero estamos dispuestos a poner de nuestra parte y hacer lo posible para regresar las relaciones entre Estados Unidos y Rusia a una senda estable de desarrollo", sostuvo Putin.

Los gobiernos de Reino Unido, China, Alemania, Israel, Japón y Turquía felicitaron también a Trump y dijeron que trabajarán con él. El presidente chino, Xi Jinping, indicó que Pekín y Washington comparten la responsabilidad de promover el desarrollo y la prosperidad global.

México quedó sumergido en una profunda incertidumbre con la victoria de Trump, quien en reiteradas ocasiones acusó a los inmigrantes de robar puestos de trabajo y al país vecino de enviar criminales a la frontera estadounidense.

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Donald Trump, elegido presidente de Estados Unidos

Miércoles 09 de noviembre 2016/ El País.es.-

El republicano Donald Trump ha conmocionado a medio Estados Unidos y al mundo entero al derrotar a la demócrata Hillary Clinton en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Trump, un populista con un discurso xenófobo y antisistema, será el próximo presidente de Estados Unidos. Con el apoyo masivo de los estadounidenses blancos descontentos con las élites políticas y económicas, e inquietos por cambios demográficos acelerados, Trump rompió los pronósticos de los sondeos y logró una victoria que aboca a su país a lo desconocido. Nadie como Trump supo entender el hartazgo con el establishment, con el que se identificaba a Clinton. La ola populista global ha llegado a la Casa Blanca. El actual presidente, Barack Obama, ha llamado ya a Trump para felicitarle e invitarle a la Casa Blanca el jueves para iniciar la transición en el cargo.

"Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados", dijo Donald Trump en su discurso de la victoria, en Nueva York. El presidente electo, que debe jurar el cargo el 20 de enero, elogió a Clinton y dijo que es el momento de curar las divisiones del país.

El mundo esperaba ver a la primera mujer en la presidencia de EE UU, después de tener a un presidente afroamericano. Ocurrió lo inesperado. Los votantes eligieron a un demagogo, un hombre que ha reavivado algunas de las tradiciones más oscuras del país, que ha colocado en el centro del discurso político el insulto y la descalificación, un admirador de Vladímir Putin que amaga con reformular las alianzas internacionales de EE UU y lanzar un desafío al vecino del sur, México.

De norte a sur, de este a oeste, en Estados que votaron al presidente demócrata, Barack Obama, en 2008 y 2012, y en Estados republicanos, del tsunami de Donald Trump, una combinación de voto rural y voto obrero blanco, barrió con las estrategias sofisticadas de la campaña demócrata y anuló el efecto del voto latino y de las minorías por Clinton.

A medida que llegaban los resultados en los Estados clave y Trump sumaba victoria tras victoria, se disparaba el desconcierto de los especialistas en sondeos, de los estrategas demócratas, los mercados financieros y las cancillerías occidentales. La victoria en Florida, Estado que el presidente Barack Obama, demócrata como Clinton, ganó dos veces, abrió la vía para la victoria de un magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad que ha sacudido los cimientos de la política tradicional. Trump ganó después en Carolina del Norte, en Ohio y Pensilvania, entre otros Estados que Clinton necesitaba para ganar.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca puede suponer una ruptura con algunas tradiciones democráticas de EE UU como es el respeto a las minorías y con la tranquila alternancia entre gobernantes que discrepaban de su visión del país, pero no en los valores fundamentales que le han sostenido desde su fundación.

Trump, que ha prometido construir un muro en la frontera con México y prohibir la entrada de musulmanes a EE UU, ha demostrado que un hombre prácticamente solo, contra todo y contra todos, y sin depender de donantes multimillonarios, es capaz de llegar a la sala de mandos del poder mundial. A partir del 20 de enero, allí tendrá al alcance de la mano la maleta con los códigos nucleares y controlará las fuerzas armadas más letales de planeta, además de disponer de un púlpito único para dirigirse su país y marcar la agenda mundial. Desde la Casa Blanca podrá lanzarse, si cumple sus promesas, a batallas con países vecinos como México, al que quiere obligar a sufragar el muro. México, vecino y hasta ahora amigo de EE UU, será el primero en la agenda del presidente Donald Trump.

El republicano ha desmentido a todos los que desde hacía medio año pronosticaban su derrota. Ha derrotado a los Clinton, la familia más poderosa de la política estadounidense en las últimas tres décadas, si se exceptúa a otra familia, los republicanos Bush, que también se oponían a él. Se enfrentó al aparato de su propio partido, a los medios de comunicación, a Wall Street, a las grandes capitales europeas y latinoamericanas y a las organizaciones internacionales como la OTAN.

Su mérito consistió en entender el malestar de los estadounidenses víctimas del vendaval de la globalización, las clases medias que no han dejado de perder poder adquisitivo en las últimas décadas, los que han visto cómo la Gran Recesión paralizaba el ascensor social, los que asisten desconcertados a los cambios demográficos y sociales en un país cuyas élites políticas y económicas les ignoran. Los blancos de clase trabajadora —una minoría antiguamente demócrata que compite con otras minorías como los latinos o los negros pero que carece de un estatus social de víctima— han encontrado en Donald Trump al hombre providencial. También la corriente racista que existe en el país de la esclavitud y la segregación halló en Trump un líder a medida.

Trump pronosticó durante la campaña un Brexit multiplicado por cinco, en alusión a la decisión de Gran Bretaña, en referéndum, de salir de la Unión Europea. Y se ha cumplido. La furia populista a ambos lados del Atlántico consigue así su mayor victoria. El golpe se dirige a las élites estadounidenses y globales. Y es una prueba de que tiempos de incertidumbre son el caldo de cultivo idóneo para los líderes  con los sensores para identificar los temores de la sociedad y con un mensaje simplificador que identifique al enemigo interno y externo.

Los interminables escándalos, reales o inventados, de Clinton lastraron su candidatura. Pocos políticos se identificaban tanto con las élites como ella. A fin de cuentas, es la esposa de un presidente y EE UU, una república fundada contra las dinastías, ya tuvo suficiente con los presidentes Bush padre e hijo.

Los estadounidenses querían probar algo distinto, y en un año de cambio, después de ocho con un demócrata en la Casa Blanca, no había candidato más nuevo que Donald Trump. Ninguno representaba mejor que él un puñetazo al sistema, el intento de hacer borrón y cuenta nueva con la clase política de uno y otro partido. No importaron sus salidas de tono constante, ni sus mentiras, ni sus ofensas a los excombatientes, ni sus declaraciones machistas. No importó que EE UU tuviese un presidente popular del mismo partido demócrata, ni que la economía hubiese crecido a ritmo sostenido en los últimos años y el desempleo se hubiese reducido a niveles de plena ocupación.

La victoria del republicano deja una sociedad fracturada. Las minorías, las mujeres, los extranjeros que se han sentido insultadas por Trump deberán acostumbrarse a verlo como presidente. También deja una sociedad con miedo. El presidente electo ha prometido deportar a los 11 millones de inmigrantes sin papeles, una operación logística con precedentes históricos siniestros. El veto a la entrada de los musulmanes vulnera los principios de igualdad consagrados en la Constitución de EE UU.

Su inexperiencia y escasa preparación alimentan la incógnita sobre cómo gobernará. Una teoría es que una vez en el despacho oval se moderara y que, de todos modos, el sistema de contrapoderes frene cualquier afán autoritario. La otra es que, aunque este país no haya experimentado un régimen dictatorial en el pasado, las proclamas de Donald Trump en campaña auguran una deriva autoritaria.

Hay momentos en los que las grandes naciones dan giro brusco. Cuando se trata de Estados Unidos de América, el giro afecta a toda la humanidad. El 8 de noviembre de 2016 puede pasar a la historia como uno de estos momentos.

Celebración del triunfo de Donald Trump en la sede de los republicanos en Nueva York.
Foto AFP: Celebración del triunfo de Donald Trump en la sede de los republicanos en Nueva York.

Un hombre celebra la victoria de Donald Trump en Times Square, en Nueva  York.
Foto Reuters: Un hombre celebra la victoria de Donald Trump en Times Square, en Nueva York.

 

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