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La violencia y la paz

Viernes 24 de agosto de 2012.-

El silencio, o los tibios pronunciamientos casi susurrantes del gobierno de Chile ante las denuncias de abusos y tratos degradantes recibidos por jóvenes y niñas adolescentes, en el marco de las protestas estudiantiles de estos días, tiende un manto de incertidumbre sobre las razones de fondo que mueven a los funcionarios gubernamentales… pues la opinión pública asiste a litigios verbales sobre si este movimiento es mayor que otros, o sobre qué porcentaje representan aquellos que hoy protestan. No se entiende. Pero cuando niños de trece años y niñitas de quince son vejados, arrastrados, empujados, golpeados… hallándose ya en el suelo con varios individuos mayores sobre éstos… y no hay una voz de la autoridad que llame a la cordura y prometa que estos excesos no se repetirán, es entonces cuando la legítima indignación de mucha gente comienza a manifestarse por este factor humano que nos vuelve a colocar ante escenarios que se creían superados por la historia, y que nadie – que tenga una racionalidad media – podría pretender o querer que vuelvan a ser actos cotidianos de la vida común de éste (como de cualquier) país que se dice democrático.

La violencia, como podemos constatar en Siria, es una droga que nunca conduce al letargo o a la dormidera, sino que produce ansias de más violencia y deseos inusitados de retaliación. Vemos como la guerra de Siria se extiende al Líbano. Escuchamos cada día amenazas siempre más directas de los EEUU sobre su posible intervención militar en este conflicto; y escuchamos las replicas severas de Rusia y China que advierten que no permanecerían inertes ante una ‘internacionalización’ de esta guerra civil.

Y a condimentar con mayor combustible la desembocada hoguera, surge Israel con su decisión de atacar a Irán… e Irán justifica su plan con el reiterado argumento que reza que Israel debe desaparecer. De la violencia que nos podría llevar a la Tercera Guerra Mundial… y sobre esto hay unanimidad en los analistas internacionales, solamente no hay concordancia con la fecha, pero sí de que el conflicto general partirá de la situación de Siria, y de Israel e Irán… descendemos por una agreste escala hacia los abismos practicando todo tipo de violencia: la violencia hacia las mujeres que se ha acrecentado y agudizado; la violencia y abuso para con los niños y niñas, que se ha masificado y se está dilatando cuan peste imparable; la violencia entre pandillas, y el predominio de carteles altamente sádicos y sanguinarios; hasta esa violencia diaria que nos acompaña en el garabato a flor de boca y la agresión verbal siempre pujante en la ciudad y mientras vamos en automóvil; violencia delincuencial que no tiene castigo real, y violencia de respuesta de las víctimas cansadas de no ser escuchadas.

Y es violencia el silencio de las autoridades ante abusos de poder de quienes se supone deben resguardar al ciudadano. Y es violencia ocupar una escuela y destrozar su inmobiliario: una buena causa no requiere de estupidez anarquista, ni de gestos trogloditas.

La paz olvidada, despreciada y desprestigiada nos ha sido presentada como inercia y desinterés por la realidad que nos circunda. La paz de Nelson Mandela nunca fue nada parecido a la indiferencia. La paz de Gandhi jamás negó la acción, la desobediencia civil y menos el derecho a la libertad. La paz de Martin Luther King estuvo lejos del inmovilismo y la sumisión. La paz de un referéndum democrático pudo sacar a Chile de un espiral descendente. La paz de unas elecciones democráticas puede cambiar el rumbo de la historia. La paz de los jóvenes alemanes que destrozaron el muro de la infamia en Berlín nunca fue inactiva, indiferente o algo similar. La paz de Cristo jamás se alteró en su acción de expulsión de los mercaderes del templo. La paz se fomenta en la Cultura, en la Educación de Calidad.

La paz crece con la información, con la formación en base al saber, al estar enterado: en la ignorancia, en la necedad de la farándula, en el sesgo informativo mediocre y amarillista se está incentivando el arribismo, el ninguneo, el individualismo competitivo dispuesto a aplastar a otros con tal de brillar un minuto. Tales sub valores llenan y repletan nuestra televisión, y la mayoría de las Tv de América Latina, y se verifican en noticieros que esconden la realidad y potencian la mediocridad.

Y es en tal sentido que la paz verdadera obliga a una política de amplia información, de plena formación y de una garantizada calidad en la Educación.

El enemigo del Estado, de cualquier Estado, como Rusia, México o Chile… no está en un grupo de niñas que cantan su oposición al gobierno desde un altar ortodoxo en Moscú; ni en los jóvenes que protestan en contra de la mezquindad de la televisión mexicana; ni en los adolescentes chilenos activamente ocupados – no de ellos mismos- sino de que la generación próxima estudie bajo un sistema superior al que ellos sufren hoy. El enemigo del Estado, de todo Estado, es la ignorancia, la desinformación, la falta de diálogo… y la negación a la participación y la inclusión; y el mayor enemigo del Estado Chileno, no del gobierno – no de este gobierno- sino del País, es la desigualdad que lacera y socava cualquier nivel de relación social y produce una fuerte sensación de injusticia y un profundo sentimiento de violencia.

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El gobierno del Congo anuncia "la victoria total" sobre los rebeldes del M23

Martes, 05 de noviembre de 2013/ Abc.es.-

  • Tras veinte meses de conflicto, el Ejecutivo de Kinshasa asegura haber tomado las últimas posiciones en manos insurgentes.

El Gobierno de la República Democrática del Congo ha anunciado este martes la «victoria total» sobre los rebeldes del M23 tras 20 meses de conflicto al este del país.

«Los últimos elementos de M23 han abandonado sus posiciones en Runyonyi y Chanzu bajo la presión de las Fuerzas Armadas», aseguró el Ejecutivo.

Posteriormente, el grupo insurgente ha confirmado el fin de sus operaciones militares en un comunicado.

A principios de abril de 2012, decenas de ex combatientes del grupo armado tutsi Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo abandonaban las fuerzas estatales para generar un nuevo movimiento denominado M23 (en honor a los acuerdos del 23 de marzo de 2009). Por entonces, los rebeldes reconocían que su huida tan solo era debida a las «inhumanas» condiciones de vida que sufrían en el Ejército (donde habían sido integrados conforme a este tratado de paz), así como al impago de salarios.

«Solo queremos que se respeten los acuerdos de paz. Conforme a estos, el Gobierno de Kinshasa está obligado a garantizar una amnistía a los presos políticos, la integración de los grupos armados en las fuerzas estatales, proporcionar seguridad a la población tutsi, así como promover el retorno de los refugiados», reconocía entonces a ABC Bertrand Bisimwa, líder del ala política de la milicia. «Nada se ha cumplido», señalaba Bisimwa. La venganza fue inmediata: en noviembre, decenas de guerrilleros se hacían con el control de la ciudad de Goma.

La crisis de los últimos meses

Sin embargo, en los últimos meses las fuerzas rebeldes parecían haber tocado fondo. Primero, ante el despliegue, en julio, por parte de Naciones Unidas de una fuerza especial para «neutralizar» a los rebeldes que operan al este del país. El destacamento –compuesto por cerca de 2.500 soldados- cuenta con autorización para «llevar a cabo operaciones ofensivas, ya sea unilateralmente o de forma conjunta con las fuerzas armadas congoleñas» encaminadas a interrumpir las actividades de grupos insurgentes.

Segundo, ante la evidente reducción del apoyo de Ruanda a los rebeldes. En octubre de 2012, un informe de Naciones Unidas acusaba al ministro de Defensa ruandés, James Kabarebe, de «comandar» a los miembros del M23 que se encontraban amotinados. De igual modo, el documento aseguraba que sus tropas proporcionaron apoyo armamentístico a los sublevados. No obstante, desde el fin del verano, esta colaboración parece haberse aplacado.

Y la influencia ha sido directa. Ya la pasada semana, el Ejército congoleño se hacía con el control de la ciudad de Bunagana, utilizada como base por el grupo insurgente. De igual modo, Bertrand Bisimwa, líder del ala política de la milicia, cruzaba hacia Uganda ante el avance de las fuerzas gubernamentales y anunciaba un «alto el fuego» (finalmente no respetado por el propio Ejército congoleño).

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