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Ataque a convoy de buses en Siria dejó al menos 126 muertos, 60 de ellos niños

Domingo 16 de abril 2017/ Reuters.-

La cifra de muertos por una explosión junto a un convoy de abarrotados autobuses en Alepo ascendió al menos a 126 personas, lo que supone el peor ataque de este tipo ocurrido en Siria en casi un año, dijo el domingo el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos.

Este grupo, que monitorea el conflicto desde Reino Unido, y Naciones Unidas se refirieron a reportes que aseguraron que entre los fallecidos hay más de 60 niños. El observatorio indicó que es previsible que el número de víctimas aumente.

Los rescatistas de Defensa Civil dijeron que habían retirado al menos 100 cuerpos del lugar donde se produjo la explosión el sábado, que impactó contra varios autobuses que transportaban a residentes chiíes que intentaban pasar de territorio rebelde al controlado por el gobierno, en el marco de un acuerdo de evacuación entre los bandos en conflicto.

Los muertos eran en su mayoría residentes de las aldeas de al-Foua y Kefraya, en la provincia de Idlib, pero entre ellos también había combatientes rebeldes que protegían el convoy, dijo el Observatorio. No hubo reivindicación inmediata del atentado, que según medios próximos a Damasco fue perpetrado por un atacante suicida con un vehículo.

La principal facción armada de la oposición condenó el atentado, que grupos que luchan bajo la bandera del Ejército Libre de Siria tacharon de "ataque terrorista traicionero".

El Papa Francisco se unió a las condenas y describió el ataque como "innoble", al tiempo que pidió a Dios que lleve sanación y consuelo a la "querida y martirizada Siria".

El convoy transportaba al menos 5.000 personas, entre ellas civiles y varios cientos de combatientes progubernamentales, a los que se les concedió salvoconducto para salir de las dos aldeas chiíes sitiadas por los rebeldes.

Bajo el acuerdo de evacuación, más de 2.000 personas, incluidos combatientes rebeldes, recibieron permiso para retirarse de Madaya, una población cercana a Damasco asediada por las fuerzas gubernamentales y sus aliados.

Ese convoy esperaba en un garaje de autobuses en una zona controlada por el gobierno en las afueras de Alepo, a pocos kilómetros de donde ocurrió el ataque. Los evacuados de Madaya dijeron que escucharon la explosión.

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Relaciones EEUU-Rusia en niveles mínimos tras desacuerdos por Siria

Miércoles 12 de abril 2017/ Reuters.-

El presidente Vladimir Putin dijo el miércoles que la confianza entre Estados Unidos y Rusia se ha deteriorado bajo el gobierno de Donald Trump, luego de que Moscú diera un hostil y poco usual recibimiento al secretario de Estado Rex Tillerson, en medio de una polémica por Siria.

Cualquier esperanza en Rusia de que el Gobierno de Trump mantuviera una relación mucho menos confrontacional desapareció durante la última semana, después de que el nuevo líder estadounidense ordenó disparar misiles contra Siria para castigar al aliado de Moscú por supuestamente lanzar un ataque con armas químicas contra una zona controlada por rebeldes.

En Washington, Trump dijo que Estados Unidos no se estaba llevando "nada de bien" con Moscú, y añadió que las relaciones "podrían estar en mínimos históricos".

Trump había hecho llamados frecuentes durante su campaña presidencial para establecer lazos más cercanos con Putin, pese a las críticas de legisladores de su propio Partido Republicano.

Pero la guerra civil en Siria ha puesto más presión sobre Moscú y Washington, dejando en suspenso lo que muchos pensaban sería una transformación en los lazos, que se sumergieron en el peor distanciamiento post Guerra Fría durante la presidencia de Barack Obama.

El secretario de Estado estadounidense se reunió con Putin en el Kremlin tras dialogar con su homólogo ruso, Sergei Lavrov, durante unas tres horas. El Kremlin había declinado previamente confirmar si el presidente ruso se encontraría con Tillerson, reflejando la tensión por el bombardeo estadounidense en Siria.

"Uno podría decir que el nivel de confianza en términos de trabajo, especialmente en el ámbito militar, no ha mejorado, sino que se ha deteriorado", dijo Putin en una entrevista emitida en la televisión rusa, momentos después de que Tillerson se sentara a dialogar con Lavrov.

FRÍO RECIBIMIENTO

Putin confirmó el apoyo de Rusia al presidente sirio, Bashar al-Assad, reiterando que el mandatario no fue responsable del ataque con gas ocurrido la semana pasada y añadiendo una nueva teoría respecto a que el ataque pudo haber sido montado por los enemigos del líder sirio.

Tillerson reiteró la posición estadounidense de que Assad debe ceder el poder en Siria pero pareció usar un tono más suave con Rusia. "Discutimos nuestra opinión de que Rusia, como su aliado más cercano en el conflicto, tal vez tiene las mejores vías de ayudar a Assad a reconocer esta realidad", dijo.

Lavrov había recibido a Tillerson con unos comentarios inusualmente fríos, calificando de ilegal el ataque con misiles contra la base en Siria y acusando a Washington de comportarse de manera impredecible. Uno de los asesores más cercanos del canciller fue aún menos diplomático.

"En general, lo primitivo y grosero es muy característico de la actual retórica procedente de Washington. Esperamos que esto no se convierta en la esencia de la política estadounidense", dijo el viceministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Ryabkov, a la agencia estatal RIA.

Pero Lavrov dijo que se había logrado algún progreso sobre Siria en la reunión y que se establecerá un grupo de trabajo para analizar el estado de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia. Añadió que Putin había accedido a reactivar un acuerdo de seguridad aérea sobre Siria que Moscú suspendió tras el ataque con misiles.

Tillerson también destacó el bajo nivel de confianza entre los dos países. "Las dos potencias nucleares más importantes no pueden tener este tipo de relaciones", afirmó.

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EE UU responde al ataque químico con el primer bombardeo al régimen de El Asad

Viernes 07 de abril 2017/ El País.es.-

Estados Unidos lanzó anoche un ataque por sorpresa contra el régimen sirio. 59 misiles Tomahawk alcanzaron el campo aéreo de Shayrat (Homs) en represalia por el bombardeo de armas químicas que el martes pasado acabó con 86 muertos, 30 de ellos niños. La decisión de abrir fuego contra las tropas de Bachar el Asad, rechazada hasta hace pocos días por Trump, supone un giro radical en la política de Washington en Siria y abre una posible vía de conflicto con Moscú, principal valedor del régimen. Pero también lanza una advertencia a Irán y Corea del Norte: Estados Unidos, con Trump a la cabeza, está dispuesta a disparar contra quien cruce sus líneas rojas.

Trump ha hecho de la imprevisibilidad un arma. Durante años rechazó cualquier ataque a El Asad. “¡No ganamos nada y solo nos ocurrirán cosas malas!”, llegó a tuitear en agosto de 2013 cuando Barack Obama sopesaba una acción militar en Siria tras el ataque químico que sesgó la vida a 1.400 civiles en las afueras de Damasco. Fue una posición que mantuvo en campaña y que esta misma semana aún defendía su Administración. “Uno escoge sus batallas y nuestra prioridad no radica en sentarnos y expulsar a El Asad”, dijo la embajadora ante la ONU, Nikki Haley.

Monolítica y reiterada, nada parecía poder cambiar esta doctrina hasta que el martes el horror llamó a las puertas de la Casa Blanca. El bestial bombardeo lanzado por aviones sirios contra población civil en Jan Sheijun golpeó al propio presidente. Las imágenes de los niños fulminados por el gas tóxico le llevaron, confesó, a cambiar su actitud con El Asad. “Es horrible. Ha cruzado muchas líneas rojas”, proclamó.

Desde aquel momento, la posibilidad de una respuesta militar empezó a ganar puntos. El secretario de Estado, Rex Tillerson, endureció su discurso, y el Pentágono admitió que estudiaba una intervención, pero nadie pensó que el ataque fuese a precipitarse tan vertiginosamente. Washington empleó a fondo este elemento sorpresa.

En secreto, el Consejo de Seguridad Nacional, bajo las órdenes del general Herbert Raymond McMaster, diseñó tres posibles represalias. El presidente eligió la menos sangrienta. Y sin decir nada, prosiguió su agenda. El jueves mantuvo una reunión trascendental con el presidente chino en su masión de Mar-a-Lago (Florida). Una hora después de la cena oficial y sin aviso al Congreso dio comienzo el ataque. Eran las 20.40. Desde los destructores USS Porter y el USS Ross, en aguas del Mediterráneo oriental, los misiles Tomahawk salieron rumbo a la base de Shayrat. A lo largo de cuatro terribles minutos impactaron en hangares, almacenes de combustible, silos de armas, sistemas de defensa aéreos y radares. La destrucción, según el Pentágono, fue casi completa. Al menos seis soldados sirios murieron. El gobernador del Homs elevó al cifra a 16 personas, 9 de ellos civiles.

Trump ordena atacar con misiles al régimen sirio
Imagen El País.es

El objetivo había sido elegido con un deliberado sentido político y militar. Era la pista de donde partieron los aviones que gasearon Jan Sheijun. El Pentágono aseguró que se “habían adoptado medidas extraordinarias para evitar bajas civiles” y “rebajar al mínimo los riesgos del personal de la base aérea”. En este afán, Moscú fue alertada antes de la intervención. Ningún soldado ruso falleció.

Al finalizar la operación, el presidente se dirigió a la nación. No hubo dudas. Responsabilizó directamente al “dictador” sirio de la escalada: “Usando gas mortal, Asad segó la vida de hombres, mujeres y niños indefensos. Fue una muerte lenta y brutal. Incluso hubo bebés asesinados cruelmente en este ataque bárbaro. Ningún hijo de Dios debe sufrir tal horror”.

En su alocución, Trump marcó las directrices de su futura política en Siria. Tras cargarse de un manotazo la titubeante línea seguida por Obama, estableció que no consentirá el empleo de armas químicas y afirmó: “Años de intentos para cambiar la conducta de El Asad han fallado de forma drástica. En consecuencia, la crisis de los refugiados se ha ahondado y la región sigue desestabilizada y amenazando a Estados Unidos y sus aliados”. Para concluir, hizo un llamamiento a las “naciones civilizadas” para acabar con el terrorismo y con la “carnicería en Siria”.

Esta invocación fue entendida por algunos analistas como un paso previo a una coalición internacional para intervenir en el país. Después de seis años de guerra, 320.000 muertos y 10 millones de desplazados, una acción conjunta representa un anhelo tan compartido como temido. Siria es un polvorín donde cualquier paso en falso puede acarrear consecuencias imprevisibles.

Las implicaciones del operativo, hecho de espaldas a la ONU, se conocerán en los próximos días. En una primera lectura, los misiles marcan un camino de no retorno con el régimen sirio. El Asad ya no es asumido como un mal menor por la Administración Trump. Ahora ha pasado a ser un dictador y asesino. Y por primera vez en seis años de conflicto, Estados Unidos le ha atacado.

Más compleja es la relación con Moscú. El gran padrino de El Asad ha negado contra toda evidencia la implicación del régimen en el ataque químico. Y después de la intervención estadounidense, el Kremlin ha suspendido las misiones aéreas conjuntas y ha pedido una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. Nadie conoce el alcance esta marejada. Hasta la fecha, el objetivo estratégico de Trump ha sido colaborar con los rusos para atacar las bases sirias del ISIS. EE UU sabe que cualquier movimiento en terreno sirio ha de contar con Putin y el preaviso a Moscú para evitar bajas en sus tropas muestra que la comunicación sigue abierta y es fluida.

CLINTON, PARTIDARIA DE INTERVENIR

 

Hillary Clinton vuelve a dejarse ver en público cinco meses después de que Donald Trump se impusiera en las presidenciales. Admite que la derrota fue dura de asimilar. Y aunque asegura que personalmente está bien, como americana, reconoce, "hay muchas cosas que me preocupan”. Una de ellas es el conflicto en Siria.

La exsecretaria de Estado con Barack Obama admitió que deberían haber sido más “agresivos” con el régimen de Bachar el Asad. Citó en concreto que se debería haber establecido una zona restringida de vuelos y haber tomado medidas de represalia contra las bases aéreas sirias que usaron armas químicas en el norte del país. “Son la causa de la mayor parte de muertes de civiles”.

“Lo hemos visto durante años y de nuevo hace unos días”, lamentó Clinton, que sigue pensando que la intervención militar es necesaria “para prevenir que sean capaces de usar estas bases aéreas para bombardear a gente inocente y con agentes químicos”. “Esta masacre no puede continuar”, concluyó.

 

Hillary Clinton hizo estas declaraciones tras conocerse que el Pentágono contempla una respuesta militar, tras el último ataque químico en la provincia de Idlib. Pero cualquier acción en este sentido se ve complicada por la presencia de Rusia, que defiende al régimen sirio. Clinton dice que hay que evitar la confrontación.

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